Costa Rica enfrenta un punto de inflexión. Si 2025 cerró con un desempeño macroeconómico positivo —crecimiento del 4.5% del PIB y estabilidad en tasas—, el inicio de 2026 marca un cambio de ritmo.
El informe Balance y Tendencias 2025 proyecta un crecimiento del 3.5%, una inflación que vuelve a presionar y una caída notable en el crédito privado (del 7.5% al 3.5%). Esta paradoja es clara: aunque el país avanza en números, el acceso a una vivienda propia se aleja para el ciudadano promedio. El modelo de desarrollo urbano tradicional llegó a su límite.
Aquí analizamos cinco puntos clave para entender este desafío.
1. El déficit real: La vivienda como infraestructura
Durante años, medimos el déficit habitacional solo por la falta de estructuras nuevas (estimado en un 12%). Sin embargo, si aplicamos una métrica más amplia, el panorama cambia: el 40% de los hogares costarricenses vive en condiciones deficientes.
El problema no es solo la escasez, es el deterioro de lo que ya existe. Para frenar la pobreza estructural, debemos dejar de ver la vivienda como un “producto nuevo” y empezar a gestionarla como una infraestructura nacional que exige mantenimiento constante. La prioridad para 2026 debe equilibrar el desarrollo de proyectos nuevos con la reparación y adecuación del parque habitacional actual.
2. Concreto y salud: La lección de los pisos
La mejora urbana a veces depende de intervenciones muy directas. En las regiones Chorotega, Huetar Norte y Central, todavía existen 10,200 hogares con pisos de tierra.
La iniciativa “100,000 pisos para jugar”, liderada por Adriana Yorca de Hábitat para la Humanidad, demuestra que reemplazar la tierra por concreto es una medida de salud preventiva eficiente. Los datos hablan por sí solos:
- Menos enfermedades: Reducción del 50% en atenciones médicas por problemas respiratorios y gástricos.
- Alivio financiero: Las familias reducen su gasto en salud un 40%, permitiendo invertir más en alimentación y educación.
- Bienestar infantil: Los niños ganan tres horas semanales de juego seguro y mejoran su rendimiento escolar.
3. San José: El reto del repoblamiento
La capital pierde fuerza. Según el Proyecto RISE del Tecnológico de Costa Rica, los distritos centrales perdieron el 50% de su población en 60 años. Hoy, la mitad de las edificaciones en el cuadrante central están subutilizadas o abandonadas.
La solución no es expandirse, sino aprovechar lo que ya existe. La propuesta de crear un “Operador Urbano” —una alianza público-privada para rehabilitar inmuebles de entre 1 y 5 niveles— es vital. Reactivar estos edificios permitiría ofrecer soluciones habitacionales accesibles en zonas que ya cuentan con servicios, beneficiando a quienes hoy gastan demasiado tiempo y dinero en transporte.
4. El obstáculo de la clase media: La capacidad neta
Para muchos, el problema no es la tasa de interés, sino la capacidad neta de pago. Franklin Solano advierte sobre este descalce: aunque un hogar tenga un ingreso bruto adecuado, el costo de vida y las cargas salariales reducen el margen real, bloqueando el acceso al crédito.
El mayor muro es la prima. Para una vivienda de interés social, los gastos de formalización y la prima pueden sumar hasta 15 millones de colones, un monto inalcanzable para muchas familias. Mientras las evaluaciones bancarias no reflejen el ingreso disponible real, el crédito seguirá estancado.
5. Toolkit para 2026: Innovación necesaria
Para cambiar el rumbo, el ministro Guillermo Carazo y otros expertos proponen soluciones concretas para los próximos años:
- Leasing Habitacional: Un modelo tipo alquiler con opción de compra. El pago mensual sirve como prueba de capacidad ante las entidades, eliminando la barrera de la prima inicial.
- Certificación Bax: El estándar de sostenibilidad que será esencial para atraer financiamiento verde internacional. Sin criterios ambientales, el acceso al crédito global será muy restringido.
- Vivienda para la Longevidad: Adaptar el diseño habitacional al envejecimiento de la población, uniendo salud y construcción, como bien ejemplifica la calidad de vida en la Zona Azul de Nicoya.
Conclusión
El éxito de la política de vivienda en 2026 no se medirá por cuántos metros cuadrados construimos, sino por la estabilidad que logremos dar a las familias costarricenses frente a la incertidumbre económica. Es momento de que el Ministerio de Vivienda, el INVU y el sistema financiero coordinen acciones para tratar la vivienda como lo que es: un pilar fundamental para la salud pública y el desarrollo del país.
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